Porque al final siempre hay algo que te lo acaba impidiendo. Aunque te desvivas por realizar tu sueño, siempre estará ésa persona (más bien esas) que te mirarán con malos ojos, o con mirada apenada, o con asco o desaprovación. Siempre estará el aconsejador aconsejando que olvides tus metas tan lejanas, que seas camarera o dependienta o locutora de la radio local... que aspirar a otro continente es demasiado para ti, que tu vida no da para más, que no eres nadie especial. Que les dejes eso a los talentos.
Siempre estarán los que se preocupen por ti y te intenten impedir una decepción más, causando más estragos que ayuda. Siempre estarán los estudios, la principal causa por la que me falta el tiempo para llevar a cabo mis planes. Los estudios, esas estúpidas calificaciones con las que se supone que pueden medir nuestra inteligencia, los deberes, la impresión, la falsa imagen...
Y luego, claro está, falta el dinero. Tantas cosas que te sobran y resulta que lo único que no hay es dinero para realizar mis sueños. ¿Y si tuviera una cámara de vídeo decente? ¿Y si tuviéramos dinero para ir a un curso de artes cinematográficas? ¿Y si pudiera grabar un corto? ¿Y si tuviera un micrófono? ¿Y si pudiera comprar un programa de edición de vídeos?
Cuando el dinero te falta hasta para una pasta de dientes, ¿cómo vas a estar pensando en grabar una película?
Mis sueños cada vez están más fuera de lugar. Espero no convertirme en alguien como ellos, ellos, los que me dicen que nunca lo conseguiré, los que se han aprisionado a sí mismos en una cárcel de piedra, obcecados en una realidad sumisa y aburrida, sin extender las alas para volar y observar el hermoso paraje a sus pies.
Si pudiera pedir un deseo... ojalá el dinero no fuera impedimento.
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