jueves, 27 de octubre de 2011

Con quién pagarlo


Veces en las que la gente es injusta contigo, y al final acabas pagándolo sólo tú. Gente que no ve que abusa de ti, que se pasa con su poder. Que los adultos tengan más autoridad que yo no significa que sean más importantes, que sepan más o que sientan mejor que yo.
Soy una persona y tengo sentimientos, y estoy harta de que todo el mundo piense que soy la pobre niña ingenua de la que pueden abusar.
Y lo peor es que la mayoría ni siquiera se da cuenta de lo desequilibrado de la balanza. Claro, ellos ya han pasado la juventud, ya no recuerdan lo inestables que somos los adolescentes. Que cualquier cosa te parece un mundo, que así porque sí te sientes vacío y enseguida te encuentras en un pozo de autocompasión. Que mi frase más repetida (en mi cabeza) durante los últimos dos años ha sido: Mi vida es una mierda. Que no soporto la voz de autoridad que te imponen la mayoría de los adultos, que salto a la mínima por cosas estúpidas e insignificantes.
Que tengo genio y mala leche, y lo sé. Pero ellos también, y es jodido aceptar que no lo van a saber nunca, porque aunque se lo digas una y otra vez siempre dirán que eres un mentiroso, que estás castigado.
Y otra cosa que me molesta de los adultos es que no saben ni quieren cambiar. Todos tenemos nuestros defectos, pero la mayoría de los adultos son manipuladores y hasta lo niegan cuando les pones la evidencia. A veces me gustaría llevar una cámara a todos lados y grabar lo que decimos y hacemos todos, para poder restregárselo por la cara a la gente manipuladora. Que mienten. Que no tienen razón. Que son ellos los que empiezan.
Que a la primera te juzgan y te gritan y te obligan y te castigan, y que luego van de que son buenas personas y que hacen lo que pueden.
Ahora mismo me está pasando.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Muero por ti


No lo sabes. No sabes lo mucho que suspiro por ti, cuánto me muero por besar tus labios. Ni te imaginas la cantidad de sueños, ilusiones y pensamientos dedicados a ti y solo a ti. No podrías comprender lo fuerte que siento por ti, porque ni yo lo entiendo. No puedo evitarlo, no puedo elegir.
Ojalá las cosas no fueran así, porque es obvio que tú y yo jamás estaremos juntos. No soy nadie para ti y tu lo eres todo para mí. Las cosas no deberían ser así...
Y cada vez que cierro los ojos e imagino, solo por un instante, mi felicidad si te tuviera a mi lado... si estuvieras a mi alcance...
Bueno, no es fácil volver a la cruda realidad. Sólo puedo decirte éso.
Tu mundo es completamente diferente al mío; y la verdad es que me da un poco de miedo adentrarme en él. ¿Y si ya no quisiera volver nunca más? ¿Y si me abandonas allí, sola, perdida?
Cómo desearía no haberme fijado en ti jamás. Lo único que haces es hacerme daño, crearme problemas.
Pero te amo, y no lo puedo ignorar.

martes, 25 de octubre de 2011

Siempre me alegran el día


Porque si hay una cosa verdadera en ésta vida, es la amistad. Porque te puede pasar de todo; enamorarte, viajar, discutir, deprimirte, sufrir un accidente... pero tus amigos siempre estarán allí, contigo. Y cuando digo amigos, no hablo de las personas que van a tu clase, que son amigables y con las que quedas de vez en cuando. No.
Hablo de ésas personitas que siempre te contestan al móvil, no importa el momento. Aquellos que a la una de la mañana te llaman para ver si estás despierto porque se aburren, aquellos que intuyen que te pasa algo antes incluso de que tú lo sepas. Aquellos que siempre intentan hacer lo mejor para ti, aunque no lo consigan, aunque sean unos torpes. Porque ellos siempre estarán allí para escucharte. Porque sabes que con ellos tienes algo más que amistad: tus verdaderos amigos son hermanos con otro ADN. Hermanos que te comprenden mejor que nadie.
Los amigos son aquellos con los que puedes ser tú mismo. Son los que te critican a la cara y te defienden a las espaldas. Son tu salvavidas en medio de un mar enfurecido, son los únicos en los que en realidad confías. Porque hay cosas que no les puedes contar a tus padres, hay cosas que no les puedes contar a tu novio, ni a tus profesores, ni a la policía... pero siempre estarán ellos para escucharte. Y ellos son sinceros. Ellos son tu juicio, ellos saben cómo te sientes. Ellos te conocen mejor que nadie. Mejor que tú misma.
Los amigos jamás se pierden. Los amigos de verdad, digo. Porque si yo mañana me mudara a Estados Unidos y me hiciera famosa, ni siquiera dudaría en coger el ordenador en plena noche para hablar con la webcam con mis amigos de España... con todos. Todas las noches. Nunca les olvidaría, porque ellos son increíbles y sin ellos yo no sería la misma.
Porque los amigos quizá no sean los únicos que te dicen tus defectos, pero son los únicos a los que escuchas.

lunes, 24 de octubre de 2011

Mi mundo oscuro tiene grietas


Basta de compadecerme de mí misma. Basta de hacerme la víctima, basta de pensar que el mundo es malo menos yo. Siento que soy estúpida por verlo todo tan injustamente; porque es imposible que todo el mundo se equivoque y yo sea la única que tenga la razón.
¿Sabes? Cuando empecé éste blog, pensaba en desahogarme; era una especie del diario que jamás conseguiré acabar, porque me olvido, porque me aburro... Éste blog lo creé para expresarme.
Pues ahora, siento que quiero que todo el mundo lea ésto. Quiero que entréis en mi mundo, quiero que me echéis un vistazo por dentro. ¿Cómo es mi yo interior? A lo mejor soy pelirroja. A lo mejor tengo el pelo liso, como siempre he querido.
La verdad es que ya me da igual todo. Paso de autoinflingirme daño... A partir de ahora, voy a empezar de cero. Quiero ser feliz, no sólo fingirlo. Pero voy a parar de intentarlo, porque así sólo consigo deprimirme más al ver lo que tarda aquella persona que me roba los suspiros en darse cuenta de que me muero por él.
Sinceramente, me veo en otra etapa. Ya no siento ése agujero en el pecho, ya no pienso que el mundo está confabulando contra mí por diversión.
Miro por la ventana y veo belleza. Belleza pura y dura. No me gusta Madrid, pero es hermoso si lo miras con propiedad. No sé por qué, pero el sol brilla más y no intento hacer poesía; lo digo en serio.
Cuando pienso en mi futuro, no me imagino de camarera en un bar de fracasados, tratando de olvidar mi sueño y concentrarme en pagar la hipoteca. No; ahora me veo total y absolutamente metida de lleno en el teatro. Ya estoy segura. Es mi vida. Es mi vocación. Y tal vez no lo haga tan bien como creo, estoy segura. Pero es lo que más feliz me ha hecho hasta ahora, y no pienso desperdiciarlo.
Doy dos horas de teatro a la semana, y sin darme cuenta me encuentro esperando con ganas ése día, ésas horas... durante toda la semana.
Pierdo el tiempo en el instituto, ya lo tengo claro. ¿Para qué voy a necesitar saber todo lo que estoy aprendiendo en la vida real?
Pero, puesto que estoy obligada a permanecer en el instituto, ¿para qué alargar la agonía? Si estudio, además de hacerme un favor a mí misma evitando malos rollos con los profesores y mis padres, además de fortalecer mis neuronas, no tendré que repetir curso y así esperar un año más a cumplir mi sueño.
Porque si otra cosa me ha quedado clara es que no voy a rendirme. Voy a trabajar para verme en una película, voy a trabajar para que otros me vean en la gran pantalla. Voy a trabajar para enorgullecerme de mí misma, por fin. Voy a trabajar para darles de qué hablar a mis amigos, pero sobre todo a mis enemigos.
Nadie me va a parar los pies de aquí en adelante. Nadie.

martes, 18 de octubre de 2011

Yo contra ellos.


Por las mañanas me despierto con ganas de tirarlo todo por la borda: estudios, sueños, amigos, relaciones con mis padres... a veces quiero dormir para no volver a despertar. Luego voy al instituto y me veo obligada a adoptar aquella pose tan popular y tan común; graciosa, despreocupada, la siempre creativa que está algo loca pero siempre te hará pasar un buen momento. Me doy asco de fingir tanto. Ya lo hago por costumbre, sin pensar. No puedo creer que, sintiéndome tal y como me siento por dentro, pueda ser tan alegre y reírme tanto por fuera.
Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Jamás lo olvidaré. Ésta frase se me quedó grabada con fuego en el corazón, porque cuando yo era feliz y me dedicaba a vivir y a pasarlo bien, además de a estudiar y sea la chica buena, el orgullo de mamá y papá, la envidia de todos... nunca me tomé en serio los problemas de los demás. Y mírame ahora. En un pozo oscuro. Aún no me atrevo a mirarme en un espejo y ver en lo que me he convertido.
A veces, deseo con toda mi alma volver a otros tiempos. Aquellos en los que yo no pensaba las cosas dos veces. Era perfecta. Era estupenda.
Pero siento que ahora sé la verdad, y me cuesta despedirme de ella. No quiero convertirme en aquello a lo que tantos celos le tengo. Quiero seguir mis sueños, no retroceder. No repetir.
Detesto sentirme así. Es como si ahora sólo contara yo, yo contra los enemigos, yo contra los amigos...

Sueño


Sueño con dejar España lejos, sueño con olvidar mi rutina. Sueño con viajar a Estados Unidos y allí convertirme en actriz, y hacer lo que más me gusta: actuar. Quiero vivir la vida. Basta de planificación, basta de aprender. Ya he sentado buenas bases, y si no, peor para ellos. Quiero subirme a un avión y sobrevolar mis problemas. Quiero aterrizar siendo otra persona, como si el mero hecho de cumplir mi sueño fuera a hacerme feliz. Como si con sólo viajar a otro país, otro continente yo ya hubiera aprendido a vivir. A disfrutar de mi existencia.
Pero en el fondo sé que es imposible.

Everybody hurts.


No sé qué me pasa. Cada vez estoy más cabreada, y no es con nadie. Es conmigo misma. Es con el mundo. Es con la impotencia, es por la injusticia, es por perder el tiempo. Es porque tengo un futuro. Es porque odio las mentiras y no paro de escucharlas. Es porque me veo obligada a fingir que soy feliz cuando no podría mentir más. Es porque él no sabe que existo, es porque ellas están a años luz. Es porque estoy en una habitación llena de gente, gritando, y nadie oye nada. Es porque tengo miedo de lo que pueda pasar. Es porque estoy harta de esperar, esperar a acabar los estudios, esperar a recibir una buena noticia, esperar a que se acabe la crisis. Esperar a que mis padres no cierren la puerta de la cocina por las noches para hablar de dinero. Esperar a que pueda comprarme unos cascos sin tener que mirar dos veces la factura, sin tener que elegir entre una u otra cosa.
Esperar a que las cosas mejoren, supongo. Porque estoy cayendo en picado. ¿Es que los demás no lo sienten? Se me acaban las excusas. No es la edad. No es la crisis. No es el instituto. No me servirá de nada contratar a un psicólogo ni mudarme. Sólo soy yo... yo. Soy defectuosa. Hay algo en mí que no funciona, algo que me carcome por dentro. ¿Son mis problemas de coordinación, que me impiden bailar como siempre me hubiera gustado? ¿Es mi mente loca y estúpida? ¿Es mi corazón, enamorándose siempre de los más equivocados? ¿Es mi risa, tan contagiosa y tan fatídica?
No entiendo. Sé que tengo a mis amigos rodeándome. Sé que siempre podré contar con ellos, y me lo repito una y otra vez. Jamás he dudado de ellos.
Pero, en el fondo, muy en el fondo, estoy sola. Lo sé, lo presiento. Porque todo tiene un límite, y nadie puede dar su vida por mí. Volcar su vida en una persona que siente que ya no está viva.
Cada vez que pienso ésto, me lo quito de la cabeza. Estupideces mías. Tengo que dormir más.
Pero estoy harta de posponer lo inevitable. Algo en mí me impide disfrutar la vida como hacen los demás, como todos hacen. Todos menos yo.

viernes, 14 de octubre de 2011

Mi mundo entero se colapsa


Temo el futuro. No sé qué pasará conmigo, pero no soy tonta, sé que mi sueño es prácticamente incumplible. Quiero creer que voy a ser feliz, que voy a lograr mis propósitos, que no voy a ser una más que ha acabado en una oficina de secretaria de un cerdo que te hace trabajar el triple cuando mi sueño es montarme en un avión en cualquier destino aleatorio a más de 1000 kilómetros de Europa el día siguiente a mi cumpleaños 18.
Soy un ave que tiene las alas manchadas de petróleo, soy un ángel con las alas detrozadas precipitándose al vacío. Soy una adolescente confusa y descorazonada.
Quisiera poder ignorar que mi mundo se está desmoronando, que mis padres están a punto de divorciarse, que cada vez paso más de estudiar, que las 24 horas al día me siento como si estuviera perdiendo irremediablemente el tiempo...
Cosas que, por más que quiera, no puedo decir, no puedo hablar. Ni siquiera a mis mejores amigos, a mis más cercanos familiares he conseguido contarles ni la mitad de lo que me pasa por dentro. Porque hay cosas que simplemente no se hablan. Que aunque lo intentes jamás podrás decirlas de una manera convincente. Que tendrás demasiado miedo de dejar salir de tí, porque cuando las cosas importantes salen de ti y caen en malas manos, enseguida se convierten en tu maldición. Porque odio mi vida. Odio despertarme por la mañana y recordar que sigo atrapada en Madrid, yendo al instituto de lunes a viernes y quedando los fines de semana con mis amigos para salir por allí.
Porque me siento como si estuviera viviendo la existencia estándar; algo preestablecido, la misma vida que todos y cada uno de mis compañeros de clase, curso, instituto, vecinos, conocidos...
Porque quiero escribir mi propio destino, quiero hacer mis propias reglas y romperlas también, porque quiero olvidarme de lo que hace unos años consideraba lo más importante y ahora siento que sólo es un impedimento más para lograr mi sueño.
Porque estoy harta de que gente con sus estúpidos prejuicios se crea que puede controlar mi vida, que lo sabe todo sobre mí, que puede obligarme a vivir como a ellos les da la gana.
Quiero cortar todos los hilos que me atan, destrozar los tejemanejes de la gente manipuladora que, escondida tras las sombras, trata de impedir que yo explote. Que me ponen límites. Que me castigan siguiendo sus reglas, como si ellos tuvieran el poder de influír sobre mi vida.
Que se creen que mandan sobre mí, que pretenden que yo crea una sola palabra de lo que dicen. Que creen firmemente que ellos son superiores a mí, en todos los sentidos.
Porque estoy harta de pasarme las noches llorando preguntándome qué pasará conmigo, con mi vida. Si seré capaz de seguir adelante un solo día más fingiendo que soy fuerte, alegre, divertida, despreocupada y perfecta.
Porque es duro darme cuenta de que todo lo que hago en mi vida es actuar, como si yo fuera otra persona.

Ganas de tirarlo todo por la borda

Momentos que olvidar.
Días que borrar.
Sueños que inventar.

Imperfecta.

Porque odio sentirme así. Sentir que no soy suficiente, que no me gusta cómo soy. Que no lo hago lo suficientemente bien... como si no valiera la pena. Siento que al compararme con otras no soy nada, que ojalá fuera otra mi cara y contraria mi personalidad. No quiero odiar mi ser, no quiero desear ser otra persona. Sé que debo estar contenta conmigo misma, aceptarme con alegría. Lo sé, lo sé. Pero no puedo. Siempre habrá una imperfección, por estúpida que sea, que me hará la vida imposible. Odio cómo soy, lo odio.
Y cada vez que veo a las modelos, a las actrices y cantantes... a las chicas normales que caminan por la calle, pienso que ellas tendrán sus imperfecciones pero aún así las eligiría a ellas en vez de a mí. Quiero ser diferente. Quiero ser guapa, quiero ser perfecta.
Tendré que vivir con ésta maldición toda mi vida.

lunes, 3 de octubre de 2011

Presión

Mi alma ya no puede más, esto es demasiado. Jamás pensé que podría sufrir tanto, pasar tantas calamidades... cada vez me cargan más, responsabilidades, trabajos, deberes, ejercicios... sólo quiero lanzar lejos la mochila del instituto y volar, volar libre. Quiero alejarme de la sociedad, de la civilización. Personalmente, no creo que nada de lo que están haciendo esté bien. ¿Acaso estudiar es toda mi vida? Quiero divertirme, salir con mis amigos, reír. Ya tenemos suficiente trabajo en las 6 horas de instituto al día que pasamos. ¿Os recuerdo lo que es estar en el instituto?
Aulas grises, cubiertas las paredes de trabajos y cartulinas opacas en un inútil intento de hacerlas más alegres. Las mesas, pintarrajeadas y en mal estado. Una veintena de alumnos, sentados muy rectos en las sillas, con su mochila al lado y sacando los libros correspondiente a cada cambio de clase. Entra el profesor. Se miran, desafiantes. Jamás se atreverán a abrir la boca para quejarse, pero odian el instituto. Los profesores son buenas personas, nos intentan enseñar... pero hay cosas que no se aprenden en un aula, hay cosas que se aprenden viviendo la vida y si ellos además de ocuparnos 6 horas enseñándonos cosas prácticas que en realidad ya intuíamos y que no nos van a servir fuera del instituto nos ocupan el tiempo "libre" con estudios, deberes, exámenes y demás preocupaciones... ¿cómo esperan dejar que aprendamos a respirar el aire, a cerrar los ojos y a imaginar cosas? ¿Cómo pretenden que aprenda a gritar bien fuerte en lo alto de una cumbre, a acariciar a un perro, a abrir la ventana a las cinco de la madrugada y observar la salida del sol? 
El instituto tan sólo es una parte de mi ser, yo jamás la hubiera elegido de haber podido... Yo eligiría la práctica antes que la teoría. Porque soy así. Porque así somos todos, aunque la mayoría de nuestros instintos están quedando obsoletos bajo una capa de normas y responsabilidades que nos imponen los profesores, el gobierno, nuestros padres. 

domingo, 2 de octubre de 2011

Mentiras

Estoy harta de las mentiras. De que me engañen. De que jueguen conmigo. De que se crean que yo no me doy cuenta.
Y es que estas cosas ocurren tan, tan a menudo que no les damos importancia. Y yo ya no aguanto más. No quiero fingir que todo va bien, no quiero fingir que creo las mentiras de los demás. No quiero tragarme más mierda salida de la cabeza ingeniosa de alguien "amigable" en apariencia. Mentiras a diario. Las verdades me apuñalan por la espalda.
A veces, prefiero pensar que la mentira es la verdad, y la verdad es mentira. Porque la verdad es que la mayoría de mis amistades son falsas, y tan sólo puedo confiar en unas pocas. Mi círculo. Mi gente. Mis locas y locos.
Es más fácil jugar a que soy feliz y como perdices... pero no es real. No es así como lo siento yo. Quiero dejarme ya de estupideces y decir a la cara la verdad: dolerá, pero hay que hacerlo. Quiero gritarle al mundo que es un mentiroso. Que me mintieron en todo durante demasiado tiempo. Que me siento como si no perteneciera al planeta, como una alienígena rebelde. ¿Acaso antes nadie ha sentido la necesidad de descubrir éste gran tapujo de la vida? Nadie parece incómodo, aún sabiendo que todas nuestras vidas son completas mentiras. Quiero que se den cuenta, pero no lo hacen. ¿Seré diferente?
¿Cómo voy a conseguir que cesen las mentiras de martillear en mi cabeza? Pequeñas mentiras, incluso piadosas, que se vuelven asesinas en mi cansado cerebro.
Ya estoy harta de esconder mis sentimientos.

Buenos sentimientos

¿Existe la felicidad? Porque yo lo único que he encontrado en mi búsqueda de la alegría es dolor, sufrimiento, tristeza, compasión, furia, estupidez, incredulidad e inocencia. ¿Tantas trabas me pone la vida para ser feliz? Tantas veces he oído la descripción de éste sentimiento en los libros, en los blogs, en las revistas, en las películas, en las canciones. Y, aún así, siempre hay algo que no cuadra. Es imposible ser verdaderamente feliz. Siempre hay algo, alguien que está allí, dispuesto a tenerte toda la noche en vilo, dispuesto a revolver tu vida, a clavarte una daga por la espalda, a traicionarte, a mentirte, a engañarte.
Tengo miedo de averigüar que todo es una mentira. Que la felicidad no existe, que todo es una ilusión. Que mi mundo es de sufridores, que estamos castigados siendo infelices.
No quiero llevar a cabo una existencia de una chica triste. Quiero vivir la vida, quiero sentir la alegría en el corazón como otros. Pero, sinceramente, llevo demasiado tiempo sin sentir una verdadera sonrisa aflorar a mi rostro. A veces, pienso que, si fuera actriz, sería la mejor. Se me da muy bien fingir que soy feliz y que mi vida compensa. Que vale la pena.

Ésa opresión en el pecho

Cuando sé que la he cagado, sé que he hecho algo mal. Tengo miedo de las consecuencias, pero más aún de lo que pasará si no hago nada.
Estoy entre la espada y la pared, no hay ayuda ni excusa capaz de salvarme. Tengo que elegir entre la verdad o tú.

Sin salida

No puedo correr. No puedo escapar. No puedo huir, pero tampoco puedo volver. No puedo dar media vuelta, no puedo olvidar. 
Tan sólo me queda respirar hondo y encararme a ti.