martes, 25 de octubre de 2011

Siempre me alegran el día


Porque si hay una cosa verdadera en ésta vida, es la amistad. Porque te puede pasar de todo; enamorarte, viajar, discutir, deprimirte, sufrir un accidente... pero tus amigos siempre estarán allí, contigo. Y cuando digo amigos, no hablo de las personas que van a tu clase, que son amigables y con las que quedas de vez en cuando. No.
Hablo de ésas personitas que siempre te contestan al móvil, no importa el momento. Aquellos que a la una de la mañana te llaman para ver si estás despierto porque se aburren, aquellos que intuyen que te pasa algo antes incluso de que tú lo sepas. Aquellos que siempre intentan hacer lo mejor para ti, aunque no lo consigan, aunque sean unos torpes. Porque ellos siempre estarán allí para escucharte. Porque sabes que con ellos tienes algo más que amistad: tus verdaderos amigos son hermanos con otro ADN. Hermanos que te comprenden mejor que nadie.
Los amigos son aquellos con los que puedes ser tú mismo. Son los que te critican a la cara y te defienden a las espaldas. Son tu salvavidas en medio de un mar enfurecido, son los únicos en los que en realidad confías. Porque hay cosas que no les puedes contar a tus padres, hay cosas que no les puedes contar a tu novio, ni a tus profesores, ni a la policía... pero siempre estarán ellos para escucharte. Y ellos son sinceros. Ellos son tu juicio, ellos saben cómo te sientes. Ellos te conocen mejor que nadie. Mejor que tú misma.
Los amigos jamás se pierden. Los amigos de verdad, digo. Porque si yo mañana me mudara a Estados Unidos y me hiciera famosa, ni siquiera dudaría en coger el ordenador en plena noche para hablar con la webcam con mis amigos de España... con todos. Todas las noches. Nunca les olvidaría, porque ellos son increíbles y sin ellos yo no sería la misma.
Porque los amigos quizá no sean los únicos que te dicen tus defectos, pero son los únicos a los que escuchas.

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