Aulas grises, cubiertas las paredes de trabajos y cartulinas opacas en un inútil intento de hacerlas más alegres. Las mesas, pintarrajeadas y en mal estado. Una veintena de alumnos, sentados muy rectos en las sillas, con su mochila al lado y sacando los libros correspondiente a cada cambio de clase. Entra el profesor. Se miran, desafiantes. Jamás se atreverán a abrir la boca para quejarse, pero odian el instituto. Los profesores son buenas personas, nos intentan enseñar... pero hay cosas que no se aprenden en un aula, hay cosas que se aprenden viviendo la vida y si ellos además de ocuparnos 6 horas enseñándonos cosas prácticas que en realidad ya intuíamos y que no nos van a servir fuera del instituto nos ocupan el tiempo "libre" con estudios, deberes, exámenes y demás preocupaciones... ¿cómo esperan dejar que aprendamos a respirar el aire, a cerrar los ojos y a imaginar cosas? ¿Cómo pretenden que aprenda a gritar bien fuerte en lo alto de una cumbre, a acariciar a un perro, a abrir la ventana a las cinco de la madrugada y observar la salida del sol?
El instituto tan sólo es una parte de mi ser, yo jamás la hubiera elegido de haber podido... Yo eligiría la práctica antes que la teoría. Porque soy así. Porque así somos todos, aunque la mayoría de nuestros instintos están quedando obsoletos bajo una capa de normas y responsabilidades que nos imponen los profesores, el gobierno, nuestros padres.
Hoy le he comentado ésto a mi madre y me ha ofrecido la posibilidad de que yo deje de estudiar, de hacer deberes... durante un año. Un "año de descanso", como ha dicho ella. Por supuesto, repetiría, pero... ¿compensa descansar y tomarme un respiro o seguir tragando mierda y achicar hasta llegar a los 18, cuando cogeré el primer vuelo hacia cualquier lugar fuera de Europa (preferentemente Estados Unidos o Australia)?
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