domingo, 20 de mayo de 2012

Despropósito

Porque todos sabemos cómo acaba ésto, ¿verdad? Al final la cosa se reduce a éso: saberlo y vivir con ello. Aceptarlo.
Nacemos para vivir una larga y 'feliz' vida normal. De niños, no nos damos cuenta de nada y nos ocupamos de descubrir el mundo a nuestro alrededor. Cuando eres un adolescente, has dado un paso demasiado grande; has ido demasiado lejos, has descubierto lo que ya no mola tanto: la desgracia del mundo, la injusticia, el poder, el mal. Te da tanta rabia que te delatas, y entonces te llaman rebelde sin causa. 'Serán las hormonas', dicen todos. Pero es la verdad susurrándote al oído que ya no puedes volver atrás, que esto es lo que hay. Un mundo podrido, corrupto, la herencia que nos dejan nuestros padres. Y que dejaremos nosotros a nuestros hijos.
Y luego maduras. Porque madurar no es más que darte cuenta de que ya no hay nada que hacer, que el mal es ley de vida, que no vas a cambiarlo ni en toda una vida, ni en mil vidas. Olvídalo, ¿vale? Concéntrate en ganar dinero para dar de comer a tus hijos.
Yo no quiero ése tipo de vida. Llegar a casa y tener a un hombre sentado en mi sofá diciendo: '¿Qué tal te ha ido el día, cariño?'. Casarme de blanco, ser virgen hasta el matrimonio, buscar un trabajo y denunciar a alguien porque está fuera de la ley. No quiero acabar cocinando a las diez de la noche para una familia hambrienta. No seré jamás la que grite a sus hijos que ventilen la habitación, que hagan la cama, que recojan el baño.
Pero, ¿qué otra opción me queda? Si en éste mundo sobresales, o eres un genio o te rechazan. Incluso a los genios los aíslan de la sociedad. No tienes la posibilidad de elegir, ¿sabes? ¿Entonces por qué luchas? Todo es una causa perdida. Sabes que acabarás siendo uno más entre la marea de rostros bonachones y vecinos charlatanes. Quizá el mayor acontecimiento de tu vida sea comprarte un perro. ¿De veras quieres éso? Da igual, no lo pienses mas. No podrás hacer nada por impedirlo...
Éso es la vida. Es correr frenéticamente porque la muerte nos persigue, esperando encontrar un refugio seguro o una forma de burlarla; y al final de tus días, te das cuenta de que no ha servido de nada. La vida es un despropósito.

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